El castillo de Siculiana es un monumento a la anónima y rica arquitectura castellana. Construido sobre la extremidad de la cresta rocosa de un promontorio, quizás sede de la antigua cena, dominó con sus torres, un tiempo almenado, el país que lleva el mismo nombre y el valle dulcemente acomodado sobre el mar Mediterráneo.

El origen del fortín es árabe. Fue Federico Chiaramonte qué lo reconstruyó y le dio resplandor. En 1311, se celebró en el castillo, la segunda boda entre la única hija de Federico, Constanza y el aristócrata genovés Brancaleone Doria, que en 1335, se volvió gobernador de Sardegna. Numerosos fueron las bodas y los acuerdos nobiliarios celebrados en el castillo, animados por una antiquísima creencia que quiere bendecidos por el Providencia los pactos concluidos en la “Roca de Siculiana”. En el medio de la plaza de armas al final del 300 fue realizada una profunda cisterna, todavía intacta, por la conservación de agua pluvial, vital en caso de asedio. La iglesia de san Lorenzo, correo sobre el ala sur del castillo es la más antigua del país, fue edificada en el siglo XVII. Esta fue la primera sede de culto del santo Crucifijo, que es custodiado actualmente en el homónimo sanctuario del país. El fortín también fue destinado en muchas épocas a cárcel. El último barón de Siculiana reconocido con regio decreto fue Antonio Perez. El barón Agnello a los principios de nuestro siglo demolió el “cuarto aristócrata”, el ala de mayor interés artístico del castillo, para construirvos una suntuosa residencia. En este última vivió, invitado del barón Francesco Agnello, Giuseppe Tomasi di Lampedusa, escridor del 900. Aquí, según diferentes estudiosos, escribió páginas de su obra maestra “Il Gattopardo”.